miércoles, 21 de octubre de 2009

Un día de otoño


Estaba sentado sobre la banca de la plaza, viendo las hojas caer en vísperas del otoño, el verde se ocultaba entre hojas amarillas, secas de soledad. El sol calentaba moderadamente el ambiente, había algo que giraba a mi entorno, que entumecía mi pecho, algo incierto que no hacia de estos días tan comunes o simples como para los demás lo eran.


Algo merodeaba en el viento que soplaba levemente y recorría el contorno de mi piel. Era uno de esos días hermosos el cual uno anhela recordar por su simpleza o su armonía, donde uno camina y solo al respirar se siente algo más que el aire. La ciudad estaba pintada de color anís y amarillo por las hojas caídas y los árboles secos, pero aun así había algo, algo más seco que el aquel otoño, estación de tanta poesía. Una ausencia, tal vez la causa de mi espera, en ese mismo lugar en ese mismo momento donde quizás fingía disfrutar el paisaje, un algo o una cosa que hacía dolorosa a esa tarde. En aquella imagen, el lado izquierdo de la banca el lado vacío representaba aquella deserción, aquella falta, aquella necesidad. No era más que un espacio libre ¿LIBRE?, me pregunte.


Acaso no era aquella ausencia la falta de su ser, la necesidad de su esencia que se reflejaban en las hojas secas tiradas en el suelo, desparramadas por el lugar. Aquellas hojas representaron los recuerdos secos, las cenizas de un amor tendido en el placard. Fueron claras y precisas, estaban en todas partes tiñendo la ciudad de otro color, estaban por todos lados como mis memorias, tus memorias, pero ya no brillaban, ya solo el sol solo los calentaba, se secaban y luego se dejaban arrastrar hasta llegar al suelo. No estabas, no existías o realmente si estabas pero yo no te dejaba existir. ¿Un vacío y a la nada? ¿Un derrame de sed por ti? En todos lados, en toda la ciudad, rodeando la plaza, en las calles tus recuerdos amarillos, secos me dejaban disfrutar el aire pero matándome, golpeando tu lugar.


En un instante una voz dijo "Una foto a la pareja" era un vendedor ambulante ofreciendo fotos instantáneas. Pose junto al cuerpo vacío que se encontraba a mi lado izquierdo, el lado ausente y comprendí que tu esencia, tu alma ya se había secado y se había dejado caer como cualquier hoja en un día de otoño.

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